domingo, 28 de noviembre de 2010

LO FÁCIL ES LO CORRECTO: PENSAMIENTO ORIENTAL

Lo fácil es lo correcto. ¡Cuán difícil ha de sernos la comprensión de ésta sentencia en nuestro mundo occidental! Y nos resulta difícil de entenderla porque hemos vivido condicionados por una cultura que cree lo contrario, una cultura que considera que lo fácil es lo incorrecto y que lo difícil es lo correcto.

Las religiones institucionales hacen difícil lo correcto. Han revestido las enseñanzas de sus fundadores, sus doctrinas con hipótesis, teorías, misterios, rituales complicados y cuando no, los ha fomentado, consciente e inconscientemente. Las enseñanzas de los grandes iniciados no se crearon, no existieron para formar nuevas religiones, sino para reformar el pensamiento y la cosmovisión de los hombres, hacer su modo de vida más simple, más sencillo, más puro. Regresar a los orígenes naturales del hombre. Lo sencillo siempre será lo más fácil. Lo fácil siempre será simple y natural.

Jesús tuvo una vida simple. Sus enseñanzas sí, eran revolucionarias para su tiempo, pero eran, son, unas enseñanzas sencillas. Revestirlas con el ropaje del misterio no sólo fue y es, algo inútil, sino ocioso e innecesario. Lo mismo podríamos decir de otros grandes “no-hacedores” como Mahoma, Moisés, Lao-Tsé, Buda y Zoroastro.

Consideramos que lo correcto es lo difícil, lo que es complicado de hacerse, todo aquello que involucre preparación, disciplina, contención. La vida no tiene por qué ser difícil: la Vida es. Procedemos de la Vida; luego entonces, no tenemos porqué tenerle miedo a la vida. Somos parte de ella.

Hacemos difícil la vida para que nos resulte atractiva. Y lo atractivo siempre será un reto para el ego. Sólo lo difícil es atractivo para el ego. Alimentamos al ego haciendo un trabajo difícil sólo porque nadie más lo puede hacer; lo alimentamos haciendo algo difícil, porque luego de hacerlo, lo presumimos. Lo llamamos éxito, honor, victoria, talento. En realidad, ¿qué hemos obtenido? Nada. Sólo hemos logrado cristalizar más nuestro ego. A nadie le importará que hayamos escalado el Everest, o cruzado el canal de La Mancha a nado, o creado una gran escultura. Sólo los hipócritas nos darán palmadas en la espalda felicitándonos por ese “logro”. Pero lo harán con envidia, porque no es su éxito. Recibir aplausos de los hipócritas no debe de importarnos: son como el zorro que se alegra que el conejo haya escapado de una trampa para hacerlo su presa. Quienes nos aman también se congratulan de nuestro éxito. Pero ellos nos aman: se alegrarían por nosotros aunque sólo escaláramos la mitad de la montaña.

Los hipócritas y quienes nos aman, sus aplausos no son válidos porque sólo enaltecen y alimentan a nuestro ego. Ambos nos alentarán y condicionarán a que hagamos lo difícil. Porque para ellos, lo difícil es lo correcto.

El ego no es lo correcto. El ego es lo peor que puede pasarnos, porque no permite que vislumbremos la Verdad y, por ende, no se expande nuestra Conciencia. Para lo sencillo, para lo simple, el ego no siente atracción alguna. Cuando nos movemos hacia lo sencillo, hacia lo fácil, el ego comienza a morir y cuando el ego desaparece, habremos llegado a la realidad, a lo correcto.

Lo sencillo, lo fácil, es lo correcto. Además, lo fácil es natural. Brota de nosotros sin obnubilaciones, sin ensombrecimientos; lo natural nunca impide nuestro crecimiento, nuestra evolución. Lo natural implica una ausencia de esfuerzo y una ausencia de egoísmo. Al no existir esfuerzo ni egoísmo estamos en el Camino correcto.

Chiang Tzu solía decir: “Empieza a ser correcto y te será fácil. Continúa con facilidad y estarás en lo correcto”. El decir siempre la verdad es lo correcto, pero nos han condicionado en nuestra cultura a que el decir la verdad, aunque correcto, es difícil. Es mejor irse por el camino fácil: decir mentiras es fácil. Decimos mentiras porque si decimos la verdad tememos que habrá represalias o rupturas. A veces, disfrazamos la verdad revistiéndola de enredados barroquismos. Por política (es decir, por ambición mundana), decimos mentiras y también escuchamos mentiras. Sabemos que lo son, pero entramos en el juego, sabedores de las reglas.

Occidente nos ha condicionado a la mentira, porque no es lo correcto, pero es lo fácil. Desde niños aprendemos a mentir. Cuando queremos salvar al niño de mentir, ya es muy tarde, pues ya está condicionado por su derredor. Le decimos: “no digas mentiras, mentir es malo” y lo amenazamos con el sistema castigo-recompensa, sin enseñarlo a amar la virtud por la virtud misma. El niño es perceptivo y se percata cuando el adulto dice o no la verdad, sin recibir castigo o premio alguno. Pero el niño también es comodito y tramposo, y sabe que el camino correcto es el camino fácil (es algo natural en él). Por ello, el niño aprende a mentir, porque para él, mentir es lo fácil.

Cuando comenzamos a vivir una vida que presenta dificultades, la misma vida nos está diciendo que ella es incorrecta. No podemos vivir otra vida, pero sí podemos modificar el rumbo. Debemos modificar nuestro propio Camino. El Camino original de la Masonería era fácil. Todo Aprendiz, Compañero y Maestro conocen sus alcances, sus responsabilidades, derechos y obligaciones. Todo masón conoce sus compromisos con la Masonería. Y lo fácil es hacerlo. Lo difícil, lo incorrecto, es cuando caemos en las trampas del Camino, en el oropel del ego, en todo aquello que corrompe el espíritu de la Masonería.

Las cosas más fáciles de la vida son naturales, mas también tienen que producir comodidad y relajamiento. Las cosas difíciles son incómodas, nos sumen en el estrés y la desesperación. Lo difícil es alimento para el ego y nos vuelve ciegos a lo maravilloso que nos ofrece la vida, impide que nuestro corazón se abra. El ego nos impide amar a plenitud, cantar, bailar, ser nosotros mismos como nosotros queremos y no como los demás quieren que seamos.

Lo fácil es lo correcto. Continúa con facilidad y estarás en lo correcto. Busquemos la comodidad y la relajación; busquemos la naturalidad de las cosas de la vida, siempre lo ordinario es lo más extraordinario, alejémonos de los condicionamientos sociales. Estos afirman que una vida extraordinaria no es tal si no va acompañada de la búsqueda del poder, del prestigio y la respetabilidad, de las riquezas, de la gloria y el honor. Pero nada de esto es divino. Lo fácil es lo divino. Lo natural es lo divino.

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