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viernes, 30 de julio de 2010

LA INUTILIDAD DE LA MASONERÍA

“El arte es inútil, pero el hombre es incapaz de prescindir de lo inútil”
-Eugene Ionesco.


La vida, a veces, nos parece escasa de sentido. Estamos demasiado acostumbrados al trabajo, al estudio, a la vida en familia. Poco tiempo lo dedicamos a nosotros mismos, hasta que se nos abre el Camino de la Masonería y es entonces cuando tomamos la determinación de asumirlo o de negarlo. Quienes estamos en una logia masónica es porque aceptamos seguir ese Camino, el Camino de la Masonería, pese a su inutilidad.
La vida nos parece escasa de sentido porque el sentido nace del equilibrio entre lo útil y lo inútil. Cuando no estamos creando, nos sentimos inútiles. Cuando no estamos adquiriendo conocimientos, nos sentimos inútiles. Si creamos, nos sentimos útiles. Si aprendemos, nos sentimos útiles. En la Masonería no creamos, a veces sólo estamos estáticos, a la expectativa. La Masonería es nuestro opuesto vital. Es opuesto porque rompe, quiebra la normalidad, nuestra cotidianeidad. Olvidamos con frecuencia que lo opuesto es necesario, porque es atractivo. La Masonería, por muchas razones, es atractiva. Siempre lo ha sido. Y cuando negamos lo opuesto, surgen complicaciones.

Negamos lo inútil porque nos parece superfluo. Nos da más satisfacción el trabajar, nos da más deleite el crear, porque enaltece a nuestro ego. Entonces negamos lo que nos parece inútil. Y si negamos lo inútil, no habría utilidad en el mundo. Si negamos lo inútil, a la vez estaremos negando lo lúdico, lo divertido, lo que en verdad nos satisface. Pero estamos programados de antemano por una sociedad que asume y nos obliga a asumir que lo fácil es lo incorrecto y que todo lo que es difícil es la vía correcta.

No queremos creer que cuando hacemos algo inútil es cuando en verdad somos nosotros mismos, cuando aflora nuestro verdadero YO. Empleamos nuestro tiempo en cosas inútiles y es en ese preciso y precioso instante cuando en realidad somos. Los necios sólo saben darle a su tiempo un único uso: transformarlo en más y más dinero. Platicad con un necio: todo de lo que sabe hablar es de dinero, de cómo ganarlo, como ahorrarlo, como gastarlo. Y nos abrumará con consejos que apelan a que sigamos sus mismos pasos para hacer de nuestra vida un “éxito”, para hacerla útil.

Cuando el mundo se hace demasiado utilitario, creamos muchas cosas, poseemos muchas cosas, nos obsesionamos con ellas. Pero a la vez, perdemos lo interno, porque lo interno sólo puede florecer cuando no existen tensiones externas, cuando no se va a ninguna parte. Cuando nos distraemos, cuando dejamos de lado la careta del empleado, del jefe, del padre, del hijo, del profesionista; cuando dejamos de lado todo eso, somos en realidad nosotros mismos.

Hemos eliminado todas las actividades recreativas pensando que toda nuestra energía se debe volcar en el trabajo porque nos lo han enseñado. Nos han programado y re-programado para ello. “Haz algo útil” nos dicen. Y hacer algo útil es trabajar, escalar posiciones, realizar un curso, atesorar riquezas materiales, todo aquello que nos reporta beneficios materiales, pero que nos hace olvidarnos a nosotros mismos. Le dedicamos tanto tiempo a hacer lo útil, que nos olvidamos de lo inútil, de aquello que nos pone en contacto con nuestro YO.

La Inutilidad significa disfrutar de algo sin extraerle un beneficio de ello, sólo aprovechar el momento que se nos abre, ser como en realidad somos. Ese es el primer paso que hemos de dar. Somos Buscadores. Venimos a la logia a buscarnos a nosotros mismos sin hacer nada útil, sino algo verdaderamente inútil a ojos de Los Otros. Porque no comprenden. Se niegan a entenderlo. Los Otros creen que al hombre le basta trabajar, dormir, comer, cumplir como esposo, padre o hijo, y a veces divertirse sólo en el papel de espectador, nunca como ejecutor (ver televisión, ir al cine, asistir a algún evento cultural o deportivo). Nunca nos divertimos por nosotros mismos, dejamos siempre que alguien más nos divierta y creemos que así somos felices, que al reírnos de las gracias de otro estaremos satisfechos. La sociedad nos impone, incluso, las normas y los elementos para divertirnos y nos han condicionado para ejecutarlas. Lo peor es que creemos que ESO es fraternidad.

La Masonería es inútil porque no obtenemos dinero por hacerla, no sacamos ningún provecho utilitario. Sólo SOMOS en ella.

La Masonería es inútil porque en ella o a través de ella no creamos nada útil, física o materialmente hablando.

La Masonería es inútil porque la disfrutamos sin máscaras “aceptadas” por los demás.

La Masonería es inútil porque no nos otorga diploma alguno por nuestros conocimientos y que podamos anexar a nuestras hojas de vida o a las solicitudes de trabajo.

La Masonería es inútil porque no nos da un trabajo que nos reditúe en ganancias económicas.

La Masonería es inútil porque no nos obliga a nada. Ni al éxito ni al fracaso. No hay recompensas que nos exalten ni castigos que nos lastimen.

La Masonería es inútil. Y por eso mismo, es verdaderamente hermosa y sublime.

martes, 1 de junio de 2010

DISCULPE USTED… ¿TODOS LOS MASONES SON PRIÍSTAS?


Hace algunos días me encontré con un muy querido amigo, profano él quien no obstante tiene conocimiento de mi militancia masónica y que además, es priísta de esos de osamenta carmesí, y sin mayores miramientos ni consideraciones a que quien esto escribe andaba cargando dos bolsas plásticas de conocida tienda de autoservicio de apellido libanés, soltóme a boca de jarro “Oye, ¿es cierto que todos los masones son priístas?”

“¡Chispas!” –pensé yo—“¿y ahora qué puedo responder?” Por supuesto que en milésimas de segundo atravesó por mi mente la tangencial evasiva institucional que dictamina que los masones son libres de pertenecer al partido que les venga en gana, afiliarse, simpatizar, votar por él o simplemente declararse apartidistas, y así tuve a bien comunicárselo bajo ciertos términos del argot masónico, pero comprensible entre los profanos.

“No, no” –insistióme- “es que Fulano, Mengano y Perengano (obviamente los nombres han sido cambiados para proteger su identidad) me dijeron que pertenecen a la Logia “X” y que todos están con el candidato…”

Vaya, pues ya no supe qué responder. Por supuesto que le aclaré que Fulano, Mengano y Perengano son enteramente libres de expresar sus simpatías hacia el candidato que mejor les plazca y que el resto de los miembros de la Logia “X” también pueden hacerlo, lo que no quiere decir que la Logia, como asociación de hombres libres y de buenas costumbres, pueda hacerlo institucionalmente, como grupo establecido y asociación reconocida. Con un signo de interrogación en su faz y yo, con una inquietud trepidante, me despedí amablemente y me encaminé a mi domicilio a fin de descansar mis ya fatigadas extremidades superiores del esfuerzo generado por los fardos mencionados, no sin que antes mi amigo me dijese: -“Bueno, tú que eres Diputado de los masones (ya tiene más de un año que dejé de ser Diputado del Distrito NO de los masones, pero tampoco ando pegando carteles para anunciarlo), diles que va a venir el candidato y que están invitados a una cena… ahí te paso la invitación”.

Llegué a mi casa laxo por el esfuerzo, arrepentido por no sacar a mi amigo de su error al considerarme aún ‘Diputado de los masones’ y con una profundísima preocupación agitándose en mi cabeza acerca de la pregunta inicial que me ha llevado a escribir éstas líneas… en verdad, ¿todos los masones son priístas?

Por supuesto que la misma pregunta es necia en su origen: para empezar, es verdad de Perogrullo y hasta el más profano de los mortales con tantita noción de la Orden sabe que en las sesiones masónicas se encuentran prohibidas las discusiones de carácter político y más aún, partidista; además que hay que tomar en cuenta la institucionalidad de la Masonería y que la misma, per se, no puede ni debe pronunciarse a favor de candidato ni de partido alguno, ni entre sus miembros y mucho menos de dientes para afuera, bajo correr el riesgo de ser etiquetada (la Institución, claro) con un color y una ideología determinados, lo cual la condenaría al más absoluto de los descréditos… ya de por sí, como dijera Cuauhtémoc (el emperador azteca, no el delantero de la selección nacional), “no estamos en un lecho de rosas”, con declaraciones o afirmaciones de tal magnitud se vendría abajo el buen nombre de la Orden y sus principios de tolerancia, respeto y pluralidad de pensamiento… ¡Horror!

No obstante, quien lo dijo desconoce las anteriores aseveraciones, amén de que él, como muchos otros mexicanos, posee el concepto de que toda institución es corporativista y servil con quien ostenta el poder. Por supuesto que mi amigo preguntó con la mejor de las intenciones para poder invitarme a mí y que de una manera anticuada y descarada, llevase a mis “acarreados” al evento del candidato, toda vez que consideró que el cargo que ostenté entre 2007 y 2009 posee los mismos atributos, características y prebendas que el de cualquier líder “charro” dispuesto a hacer las debidas y esperadas genuflexiones, zalemas, carantoñas, lisonjas y lagoterías que ordena la tradición política en el mexicanísimo modelo de comunicación entre adulador y adulado que les faltó estudiar a Harold Lasswell, Wilbur Schramm, Jurgen Habermas y demás teóricos de la comunicación.

A pesar de lo anteriormente expuesto y con la certeza de que infinidad de Hermanos Masones que lean esta entrada bloguera no se preocuparán en lo mínimo, tirándome a evangelista antioquiano (o sea, a Lucas); a pesar de todo lo que se pueda pensar, si un profano cree que los Masones, Todos los Masones, pertenecen a este o a cualquier otro partido político, quiere significar que más de un profano lo considera así. Y esto no deja de ser grave, pues existe una percepción que puede generalizarse al respecto de las lealtades de la Masonería a nivel político. De por sí, la historia decimonónica de México en sus primeros pasos como país independiente encuéntrase pletórica de ejemplos de masones versus masones que luchaban por el poder político… y no falta el mito ampliamente sabido, aunque en más de una ocasión desmentido, de que TODOS los presidentes de México han sido miembros de la Orden de la Escuadra y el Compás… y más los pertenecientes a la otrora “Aplanadora” Priísta. Quizás de allí venga la no totalmente falsa, pero sí asaz inexacta idea de que masón es igual a priísta, lo que tampoco es un halago, caramba, y menos en estos tiempos en que el descrédito de los partidos políticos es generalizado y nadie se salva.

Acaso pensará alguien, “pues que se saque un desplegado pagado en los periódicos cada vez que haya elecciones, en que los masones nieguen su pertenencia como institución a X o Y partido político y ya”. Pues sí, sería buena idea de no ser por tres razones que a continuación cito: 1) Quienes leen periódicos en México –y son muy pocos, por cierto—les da verdadera molicie ponerse a leer un kilométrico mamotreto de una plana completa o de media plana (que los masones tampoco somos buenos en ahorrar palabras) que se puede resumir en decir “Los Masones no apoyamos a ningún partido político, quien diga lo contrario no es masón” // 2) En política, como en comunicación, quien niega algo es porque implícitamente lo está aceptando y por eso lo niega… es como si Barack Obama saliera en cámara a decir que no existe la célebre “Área 51”: inmediatamente todos los maliciosos conspiracionistas asegurarían a los cuatro vientos que la dichosa Área 51 SÍ existe, y póngase usted a discutir con los teóricos de la conspiración... // 3) la actitud de muchas autoridades masónicas (y Hermanos Masones de a pie) de salir en la foto en los actos cívicos –generalmente organizados por gobiernos priístas, aunque también por otros de izquierda y también de derecha—y proferir loas y alabanzas a los Gobiernos Nacionalistas y a la par, lanzar sapos y culebras a las oscuras y retrógradas administraciones de la derecha ultramontana, yunquista y confesional. Por supuesto, actos cívicos el setenta por ciento de las ocasiones bajo la égida y advocación de Benito Juárez, héroe por antonomasia de los Masones mexicanos. Quizás si las autoridades de la Masonería consintieran en buscar emparejar la armonía del Cosmos y rendir también si no avenencia, por lo menos justo homenaje de respeto a figuras como Porfirio Díaz o Agustín de Iturbide, quienes también fueron masones (Fraters dixit), la opinión pública cambiaría su sentir hacia la institución, pero conozco a los masones y primero se dejan sacar los ojos antes de siquiera pensar en dedicarle una poesía a don Agustín o a don Porfirio.

Y es que, pese a quienes nos pese, los masones hemos permitido que lo peorcito del llamado “Mundo Profano” penetre en nuestra Orden, a veces, hasta la médula de los huesos, en lugar de ser a la inversa. Hemos dejado que los politicastros se introduzcan entre las filas de la Francmasonería, que quienes no entienden ni pretenden entender que la política es el arte de aullar a coro y morder en jauría sean los que utilicen los más nefastos métodos para seguir arrimando el ascua a su sardina y lleven a cabo sus ensayos políticos dentro de una institución que debiera ser oasis y remanso de fraternidad, y no un nido de alimañas, tepocatas y víboras prietas, como dijera el ex presidente del supuesto cambio que hoy gozamos felizmente(?). Hemos consentido todo ello por pereza, ignorancia o por conveniencia, la peor de todas. Porque por convenir a ciertos oscuros y nada halagüeños intereses mezquinos de unos cuantos, se ha llegado al punto de incluso tolerar las más aciagas e infaustas prácticas de la política mexicana, al grado de que el vulgo, es decir, el común de los mortales “profanos” no distinguen la diferencia entre masón y priísta. En el mejor de los casos, nos hemos dejado conducir con candidez y credulidad, pensando que tener a un político dentro de nuestras filas nos llenará de prebendas, sinecuras, rentas, provechos y canonjías, cuando la realidad es terminantemente opuesta.

Y es que el ser priísta no es malo. Tampoco el ser panista, perredista, petista, verde, aliancista o convergente… lo malo, perverso, monstruoso, atroz y retorcido es el permitir que la bola de nieve siga creciendo hasta convertirse en un alud que se lleve de corbata a todos: tirios y troyanos por igual; porque además la gente no distingue entre escocés, yorkino, nacionalmexicanista, escocés rectificado, francés, egipcio o sueco, pues para la opinión pública todos los masones están cortados con la misma tijera.

Los masones hemos dejado que el oportunismo de una minoría se imponga a la necesidad de la mayoría; hemos optado por la concertación antes que el enfrentamiento, por la sumisión antes que la rebelión, por la comodidad antes que la oposición, por callar nuestra voz antes que salir a las calles a anunciar lo evidente, lo innegable: que el país está mal encaminado, mal administrado, mal gobernado, nadando entre la corrupción, el oportunismo, el silencio de los débiles y la complacencia de los poderosos. Si un masón o todos los masones mexicanos pertenecen al Partidazo de los rojos, es irrelevante; lo grave es permitir que la sociedad, esa sociedad que requiere de actores creíbles a quienes les deposite su maltrecha confianza, tenga la certeza de que la Masonería se pliega sumisamente ante un solo partido y olvide a la ciudadanía y sus necesidades y requerimientos más urgentes. Quizás sea porque hemos perdido la fe, la esperanza y las ganas de dar pelea y nos contentemos con las migas de la plática de café y las vilipendias entre nosotros mismos. Cuidado, que poco falta para que en el seno mismo de la Orden se aplique la máxima romana “Corruptio optimi pessima”… “la corrupción de los mejores es la peor”.

domingo, 9 de mayo de 2010

COMENTARIOS SOBRE LA REGULARIDAD MASÓNICA

Con frecuencia desde que hemos sido iniciados en los augustos misterios –que ni son tan misteriosos como se cree, pero sí augustos- de la Masonería, escuchamos mentar la dichosa palabra “Regularidad”, vocablo que se refiere a la estricta observancia de las reglas de la institución. Curiosamente el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua atribuye la palabrita a un instituto religioso y no propiamente a la legión de la escuadra y el compás, pero como dijera el Caballero de la Triste Figura: “Cosas veredes, Sancho, que no crederes”. En fin, la susodicha expresión nos dice, eso sí, que una Logia o alguna Obediencia o de plano un Rito masónico deben ajustarse a la normatividad impuesta. Sí, pero, ¿impuesta por quién? “Por los ingleses dieciochescos -oiremos decir a las ocultas voces de nuestra memoria-, ¿por quién más?” Ajá, sí, pero a ellos, ¿quién se las dio? “la tradición”, escuchamos susurrar nuevamente y si siguiésemos buscando más hacia atrás, resultaría que la mentada tradición, madre de nuestros landmarks y abuela de la regularidad masónica venía en la carga genética del Big Bang. Mas no deseo perderme por los laberínticos vericuetos de la historia y bástennos, entonces, admitir que la Regularidad Masónica proviene, precisamente, de la Masonería, con perdón sea dicho del pleonasmo, y de ninguna otra fuente, a no ser que nuestros antiguos cofrades se inspirasen en las reglas de San Benito o en algún perdido monje cisterciense venido a menos.

El asunto es que la Regularidad Masónica se ha vuelto, para cualquier logia que dice ostentarse como “regular”, un artículo de lujo, sujeto a ser presumido con la misma euforia que un recién titulado anda mostrando a diestra y siniestra su diploma de abogado. Es decir, el título garantiza que el sujeto tiene la capacidad, el conocimiento y el reconocimiento legal para ejercer la abogacía, pero no certifica las mañas que traiga consigo, ni si se trata de un profesionista éticamente viable para ejercer su función. Asimismo, la Carta Patente de un Taller no garantiza que todos sus componentes sean honorables, responsables, serviciales, fraternales ni librepensadores. Pero es válido ilusionarnos con que así son las cosas.

No obstante, pocos son quienes se atreven a definir con exactitud la celebérrima “Regularidad Masónica”, tan pronunciada y presumida, como ignorada. También ignoramos que, para ser reconocidos como “regulares”, todo masón, logia, obediencia o rito, debe sujetarse a cuatro reglas fundamentales. Veamos cuáles:

1º.- Legitimidad de Origen. Es decir, al nacer, una logia debe estar legitimada de acuerdo a las leyes de la Gran Logia a la cual esté adscrita. Merece además, mencionarse que debe existir una transmisión de una tradición y por ello, deberá tener su regularidad de origen por haber sido instalada por otra obediencia igualmente regular. Así, una Logia Simbólica cualquiera, está legitimada –como lo prueba la Carta Patente, documento que avala la regularidad- por la Gran Logia "X" a la cual se halla jurisdiccionada. A su vez, la Obediencia es una Potencia Masónica reconocida universalmente por n número de Grandes Logias, Grandes Orientes y multitud de otras Obediencias mismas que, como correspondencia, también están reconocidas por la Gran Logia "X". Y una logia particular adscrita al Alto Cuerpo deberá tener sólo relaciones fraternales y correspondencia con otras logias particulares que estén reconocidas por las Grandes Obediencias que guardan relaciones con la susodicha "X". Así de fácil y de sencillo. Es decir, la Masonería es una gran familia y en la misma no tienen cabida las logias “irregulares”, no legitimadas o, dicho en términos familiares, los hermanos bastardos o bien, los parientes pobres.

2º.- Respeto a las antiguas reglas. Se infiere que para que una logia sea regular debe defender a capa y espada a los ancestrales landmarks, elaborados, de acuerdo a la tradición, por los masones ingleses. Aquí nos detendremos un poco para señalar que esos antiguos límites o marcas, mejor conocidos por la voz inglesa “landmarks”, se supone, se basaron en documentos más antiguos de los ancestrales gremios medievales, como la Constitución de York (926 d.C.) o los Estatutos de Ratisbona (1398), etc. Nunca lo sabremos en realidad ya que, quién sabe porqué, Anderson ordenó destruir todos los documentos antiguos en 1722. No obstante, cabría preguntarnos cuáles son los verdaderos landmarks a que tanto hacemos alusión y, más específicamente, cuántos son: Albert Mackey señala que son 25, aunque estos son más bien tardíos y datan del siglo XIX y no del XVIII o antes. Otrosí, no existe un criterio universal del número de artículos de los landmarks: la Gran Logia de Minnesota promulgó 26 límites, la de Nevada, 39; la de New Jersey, 10, la de Mississippi, 8; la de Tennessee, 15; West Virginia, 7 y la de Valle de México, los 25 de Mackey. Lo curioso es que la Gran Logia Unida de Inglaterra, hasta la fecha no ha hecho declaración oficial alguna de cuáles y cuántos son los límites de la Francmasonería y cuáles de ellos son verdaderamente antiguos y cuáles son originados durante la Ilustración Hannoveriana de 1717 y años siguientes. Para dirimir éste lío, en 1929 en Inglaterra se promulgó (por la GLUI, por supuesto) la Declaración de Principios Básicos para el Reconocimiento de una Gran Logia, la cual se resume en los siguientes puntos:

• La Regularidad de Origen, que ya comentamos.

• La creencia en el Gran Arquitecto del Universo (me huele a dogma, pero en fin…)

• El Juramento sobre el Libro de la Ley (por supuesto, la Biblia, no creerán que alguna vez podamos utilizar el Zend-Avesta, el Popol-Wuj ni la Torah, ¿verdad?)

• La exclusividad de que solo los hombres serán iniciados (por lo mismo, queda de un plumazo establecido que muchos de nosotros somos amigos, padres, esposos, hermanos o hijos de gente “irregular” ¡horror!)

• La jurisdicción de la Gran Logia sobre las logias de su territorio, que ya comentaremos.

• La presencia de las Tres Grandes Luces de la Francmasonería (Libro de la Ley, Escuadra y Compás)

• La prohibición de discusiones sobre política y religión (bien hecho, estos temas solo dividen a las familias)

• La aceptación de que “los principios de los Antiguos Límites, costumbres y usos de la Orden, serán estrictamente observados” (volvemos al principio, ¿cuáles y cuántos son?).

3º.- Reconocimiento Universal. Como ya señalé, una Gran Logia debe estar reconocida por otras, con las cuales habrá de establecer relaciones recíprocas. Se trata de un juego de “yo te reconozco, tú me reconoces” y eso sólo se logra con la bendición, perdón, con el visto bueno de la Gran Logia Unida de Inglaterra, que señala de qué lado masca la iguana, anatemizando a todas aquellas Obediencias que no cubren los requisitos que señala la GLUI Pero como en todos lados hay herejes, la masonería inglesa tiene su némesis en el Gran Oriente Francés que tuvo la peregrina ocurrencia de mandar a los dichosos landmarks y a la Declaración de Principios Básicos para el Reconocimiento de una Gran Logia al demonio, por decir lo menos, y asume con desfachatez cismática todo lo contrario: inicia mujeres, relega el Libro de la Ley (es más, ni siquiera tiene ara, para pronto), se niega a imprimir la fórmula tradicional “A LGDGADU” y hasta se da el lujo de cambiar de posición las Columnas y las Palabras Sagradas de ciertos grados. Lo irónico del asunto es que también el GOF tiene su propia familia de Logias Regulares, que ni es tan pequeña y está esparcida por todo el mundo, en formas como el Rito del Derecho Humano, el Rito Francés Moderno, el Escocés Mixto, el Brasileño, el Nacional Mexicano y multitud de otros ritos y Obediencias que se nombran “Masonería Liberal o Adogmática”.

4º.- Exclusividad Territorial. Este punto es sencillo: en los países bajo un sistema federalista (Estados Unidos, Brasil, México, por ejemplo) existe una Gran Logia Regular por cada estado, provincia o territorio. En otros países, un poco más pequeños y no exactamente federalistas (España, Francia, Alemania, Italia, etc.), sólo puede haber una Obediencia reconocida universalmente. Se infiere que de ésta manera existe una división territorial a nivel universal, con un Estado Masónico dentro de un Estado-Nación y que el primero es reconocido, por supuesto, si cumple con los otros tres requisitos señalados arriba. Habrá que señalar que en este aspecto no se incluyen los diversos ritos que existen y que también son sujetos o no, de reconocimiento universal. Pongo por ejemplo: la GLUM del Estado de Veracruz (México) tiene territorialidad sobre todas las Logias Escocesas y masculinas del Estado de Veracruz, pero no sobre las del RNM, que se cuece con otro hervor. Ni sobre las logias femeninas, ni de ningún otro rito, pudiendo otras Obediencias de otros ritos diferentes al REA y A fundar sus propias logias en territorio veracruzano. Y cuando en un lugar vecino no hay presencia masónica, la Obediencia, cual Cristóbal Colón, podría plantar su estandarte y reclamar para sí el territorio, sin necesidad de un macho-alfa que vierta su almizcle señalador, aunque el principio sea el mismo. Así ocurrió (según dicen los teóricos de la conspiración, a quienes no les cuesta inventar éste tipo de camelos, reales o ficticios) en la Luna en 1969 cuando el VH  Edwin Eugene “Buzz” Aldrin, plantó el estandarte masónico y reclamó nuestro satélite a nombre de la Gran Logia de Texas y fundó la “Tranquilitatis Lodge No. 2000”, que ya debió de haber abatido Columnas, toda vez que desde hace 40 años no ha sesionado ni una sola Tenida, no ha iniciado a nadie y carece de miembros que cubran sus capitaciones.

Ad empero, la Regularidad Masónica refiérese a asuntos más terrenales y menos cósmicos. Se trata de una realidad que ha logrado, siendo justos, unificar criterios en torno a cómo debe ser la Masonería Especulativa, es decir, ha establecido las reglas del juego aceptadas por una gran parte de la comunidad masónica. Sin embargo, también ha llegado a dividir a nuestra Orden en dos bandos aparentemente irreconciliables en los Dogmáticos y los Adogmáticos, en Liberales de cepa y Liberales radicales, en Conservadores a ultranza y conservadores moderados, en una Institución exclusiva de hombres y otra que puede dar pie a la iniciación de mujeres; a sostener un Ser Supremo como protagonista principal de las Tenidas o a relegarlo a una hipótesis no comprobada; a reconocer a Masones de Primera o a relegarlos a masones de cuarta o quinta categoría.

Y lo más curioso e inquietante: el término “Regularidad” comenzó a mencionarse con mayor tesón en las logias después de la Revolución Francesa, después de la independencia de Estados Unidos, después de las guerras revolucionarias de Latinoamérica y después de la emancipación de los pueblos del mundo. Lo dejo para la reflexión.



domingo, 20 de septiembre de 2009

El Camino de la Masonería: ¿Por qué permanecemos en ella?

Pertenecemos a la Orden Masónica, asociación que goza de una dudosa popularidad entre los Profanos y mejor prestigio entre los propios, siguiendo la conseja popular que afirma que quién va a hablar mejor de uno que uno mismo y por ese motivo, bastante válido en todos los aspectos de nuestra vida y de las ajenas, es prácticamente imposible encontrar algún no-masón, es decir, Profano, que diga dos o tres verdades acerca de la Masonería, toda vez que para empezar se encuentra imposibilitado de hacerlo, pues a veces ni siquiera los propios masones saben qué es la Masonería y, en segundo lugar, el proceso vivencial y contextual en que dicho profano se ha desarrollado dista mucho de colocar a la Masonería en un pedestal y más bien llena la cabeza a todo ser humano de simplezas, tonterías, nimiedades, absurdeces y desatinos que en más de una ocasión nos preguntamos de dónde diablos tendrá el ser humano cabida para tanta imaginación y se nos olvida que el cerebro puede ser tan lúcido como tramposo en sus efluvios neuronales. Y decía y digo, además, que muchas veces ni siquiera los mismos masones saben qué es la Masonería, vamos, no sabemos qué estamos haciendo aquí. Y para muestra habría que atrevernos a hacer una encuesta –herramienta tan en boga de hogaño- a cada uno de los Hermanos y soltarles a bocajarro “¿Por qué entraste a la Masonería?” Pregunta que tiene un mil aristas a su alrededor y que daría origen no a una respuesta simple, pura y directa, sino que originaría debates y mesas redondas de media hora y hasta de dos o ciento veinte minutos, que es lo mismo, contados alrededor del tradicional y consabido ágape en torno a una mesa donde ya no serían dos, sino hasta cinco, seis o siete los comensales que se irían por las ramas saltando de tema en tema hasta que se pierda en el olvido la pregunta original y se acabe hablando de temas tan variopintos y total, el momento filosófico habrá que dejarlo para después en tanto se critique, una vez más, al gobierno del país que de tanto hacerlo ya resulta una conversación anodina, como si dos médicos se pusieran a hablar del remedio de la gripe o dos sacerdotes de la comunión cristiana.
Peritos de todo y remendadores de nada, al fin y al cabo los masones nos permitimos soñar despiertos y evocar momentos gloriosos, menos crueles y más dignos del pasado que nunca conocimos en vivo y en directo, pero de los que nos sentimos orgullosos como si hubiéramos sido testigos presenciales de los mismos. Total que una vez más, nos quedamos en ascuas y con las ganas de saber porqué el Hermano Fulano de Tal entró a la Masonería; y ello tal vez hubiera sido mejor preguntárselo en el momento en que penetró en el umbral de los más recónditos misterios y enigmas que están velados al común de los mortales en nuestros Templos. Mejor hubiera sido agarrarlo descuidado y con espada en mano, que en ese momento hubiera sido más sincero de lo que podremos esperarlo ahora, Fraternidad y Amor Filial de por medio o no. Lo mejor sería preguntarle ahora “¿Por qué permaneces en la Masonería?”, pregunta que si bien no desarma al interpelado, por lo menos lo pone a meditar por unos buenos y eternos segundos en que buscará entre los laberintos de su mente una respuesta que nos deje satisfechos y que, a su vez, no propicie que vayamos de correveidile con el Venerable Maestro o que andemos pregonando a los cuatro vientos que el susodicho Hermano está en la Masonería porque no tiene otra cosa mejor que hacer. Astutamente ninguno de a quienes les preguntemos nos dirá con honestidad una respuesta de lo más profundo de su corazón, a lo mucho mirará hacia los lados esperando que llegue un tercero a sacarlo del atolladero en que lo hemos metido y suplicará con la mirada al Hermano más capaz en la oratoria o en la filosofía que venga a sacudirle el moscardón. Por supuesto que no faltaría la ocasión en que el Hermano al que le hacemos la pregunta haga un impasse inesperado y nos la revire: “No, primero dime tú por qué permaneces en la Masonería” y entonces seríamos nosotros los que escrutaríamos con la mirada a algún Hermano salvador que nos saque del pozo que nosotros mismos hemos cavado, porque aceptémoslo, tampoco tenemos una respuesta razonada y satisfactoria y a lo mucho nos contentaremos todos con decir al unísono que estamos en la Masonería porque nos gusta, que es más general y menos comprometedora, pero en gustos se rompen géneros y lamentablemente seguimos con la duda que nos agolpa las sienes y nos quita el sueño. Podemos lanzarla en medio de la Tenida y esperar a que uno a uno los Hermanos nos cuenten un anecdotario que va desde el consabido y esperado “Porque soy liberal” y punto, hasta que nos salgan con la melodramática historia que en un principio la logia lo rechazó hasta que de tanto insistir pudo entrar y ya tiene más de diez, veinte o treinta años en la Logia, orgullosamente, que también de orgullo se alimenta el ego de los masones.
Hemos de reconocer que ambas preguntas tienen sentido: porqué entramos no es lo mismo que preguntar porqué permanecemos. Es el equivalente a salir a dar un paseo para bajar la comida del mediodía y encantarnos tanto con el paisaje y la caminata en sí que a los veinte minutos se nos olvide por qué salimos a la calle. Es un ejemplo burdo y pueril, pero válido, porque todos los que estamos en la Logia, cualquier logia del universo mismo (que es decir, de la Tierra porque hasta la fecha no hay noticias de logias masónicas en las Pléyades o en Orión) entramos por un motivo determinado y con el caminar en la Masonería, el mismo ha variado una o más veces y al final nos quedamos porque no hemos podido satisfacer la necesidad que imperiosamente tuvimos en un inicio o que obtuvimos al andar por este Camino y esperamos en un momento determinado poder decir con orgullo, “he concluido mi Camino, hasta aquí llegué”, pero no faltan los Hermanos que nos salen con la cacareada frase de “Siempre seremos aprendices”, o su forma negativa “Nunca dejamos de ser aprendices” y una vez que pensamos ya poder respirar tranquilos y haber alcanzado el pináculo de nuestra Masonería Personal en conocimiento, filantropía, sabiduría, amistades, política o sentido social, que los motivos son variopintos y múltiples, nos salen con que somos idóneos para entrar a los altos grados o que sigamos el ejemplo de Perenganito que estuvo cincuenta años en la Logia, y en fin, que los Hermanos atinan en apretar en nosotros el botón correcto, el del orgullo, y decidimos quedarnos otra temporada, hasta que volvamos a lanzar la amenaza de ahora sí, dejar la logia y recorrer otros caminos, o de plano morir en pleno uso de nuestras facultades masónicas. Y no está de más que nos recuerden que estamos en una institución cuya historia “se pierde en la noche de los tiempos”, frase absurda e inútil, porque a decir de José Saramago: los tiempos dejaron de ser noche de sí mismos cuando la gente comenzó a escribir y al comenzar a escribir, se empezaron a registrar los hechos del mundo, se hizo la luz y se dejó la oscuridad. Pero los masones nos brincamos entusiastamente ésta reflexión y preferimos quedarnos con los dichos prefabricados.
Razones para haber entrado a la Masonería las hay de sobra, quizás no nos aceptaron en ninguna otra institución y ésta fue la única que satisfizo nuestro sentido genéticamente gregario, o desde niños andábamos de rebeldes sin causa y encontramos la causa al leer una enciclopedia o en algún cotilleo familiar se lanzó al aire el argumento de que los masones somos los chicos desobedientes por antonomasia en toda la historia, o en los últimos doscientos noventa y dos años, que es lo mismo (y más realista) y ni tardos ni perezosos nos avocamos a meter nuestra solicitud de iniciación. Pero las motivaciones varían y deben estar reforzadas con, nos guste o no, pensamientos mágicos o ideas místicas en el sentido de que vamos a dominar al mundo y, no lo neguemos, no falta quien entra convencido de que le va a tocar un trozo del planeta, aunque sea en medio del atolón de Muroroa. O bien, que en nuestras logias se encierran oscuros y misteriosos misterios, con perdón del pleonasmo, que de develarse pondrían al mundo de cabeza, haciendo cimbrar los hilos del poder y caerían instituciones milenarias, como si pudiera ser verdad lo que andan diciendo Dan Brown, Tom Egeland o Raymund Khoury, que de teorías conspiranoicas andamos ya más que satisfechos, pletóricos de ellas; y cuando declaramos no saber dónde está la Atlántida, o el Santo Grial ni quién asesinó a Kennedy, entonces llega la lógica-ilógica tóxica y desviada de las mentes que afirman que los masones de la calle no sabemos estas cosas y sólo los grandes jerarcas, que ni existen, saben los más recónditos secretos y ninguno de ellos se conoce, que son doce y que están en algún sitio perdido del planeta, llámese Shangri-Lah o Jardín Masónico de las Delicias. O bien, que en las logias se obtienen poderes maravillosos que solo los Verdaderos Iniciados han desarrollado, lo que no deja de deprimir, pues entonces, por conclusión, ninguno de nosotros es un Verdadero Iniciado y solo pasamos por la ceremonia de noche, o de plano somos indignos de mirar al Espejo Mágico sin convertirnos en piedra. O bien, que somos herederos de los Templarios y que nuestra misión es vengar a Jacques De Molay y acabar con la Iglesia Católica, como si pudiese hacerse, que los mismos sacerdotes, diáconos, cardenales, obispos, arzobispos y papas llevan dos mil años tratando de destruirla, sin poder lograrlo; además de que existen otras dos mil asociaciones antiguas y modernas que dicen ser herederas del Temple, de Hugues de Payn, de Jacques De Molay, se ponen sus capas blancas con la cruz paté y andan gritando “Hiersolyma est perdita”, mostrando documentos de dudosa antigüedad que lo mismo pudieron hacerse en la Francia del siglo XI o en la Plaza de Santo Domingo en Ciudad de México hace tres días, tratando con los mismos de reivindicar los derechos que Clemente V les arrebató en 1314. O bien, que sabemos que el mundo se va a acabar en diciembre del 2012 y que estamos preparándonos para salir todos en una nave extraterrestre antes de que tomen posesión Peña Nieto y Angélica Rivera de la anunciada Presidencia de México.
Todas estas paparruchadas provienen de la mente inflamada de personas con un pensamiento mágico, inevitable si se quiere, porque finalmente hemos de aceptar que la fe en efecto puede mover montañas, ya sea que Mahoma vaya o no a la misma o que creamos que aun existen milagros. Los seres humanos precisan de este sentido de creencia, pues a veces es lo único que los mantiene vivos o en un menor estado vegetativo, aunque los masones estamos creados con un molde diferente, si bien no quiere decir que sea el correcto, aunque para nosotros así sea. La Masonería no precisa de este pensamiento, ni de gente que sea iniciada creyendo que se va a hacer con el Poder supremo y que va a conocer el Nombre de Dios, el verdadero, el único, la Palabra que se perdió y que puede destruir al universo entero: y es que un nombre no es nada y la prueba la encontramos en que Alá que, a pesar de los 99 nombres que dice el Corán que tiene, no ha conseguido ser mas que Dios. La Masonería requiere más bien, Hermanos que puedan ser capaces de por lo menos, responder a la pregunta “¿Por qué permaneces tú en la Masonería?”.